El triunfo de la política histérica
Se quejaba hace unos días Santiago Abascal desde el atril del Congreso de los Diputados de las soflamas antifascistas y guerracivilistas de Pablo Iglesias, y le instaba a «dejar los años treinta» y volver al presente. Ciertamente, no era malo el consejo, pero los consejos solo son creíbles cuando se acompañan del propio ejemplo. Fue echarle en cara a Iglesias su obsesión con «los años treinta» e, inmediatamente, recordar (¡eso es mirar al presente, claro que sí!) los fusilamientos de Paracuellos y la Unión Soviética. En las últimas semanas, los diputados de Vox han dejado de lado, en una estrategia consciente de marketing político, sus propuestas económicas, sociales y políticas para lanzarse al barro de la política histérica de banderitas, eslóganes y fantasmas (fantasmas comunistas hasta las trancas, faltaría más). Donde Pablo Iglesias dice «fascistas», Abascal dice «comunistas»; donde el primero dice «herederos del franquismo», el segundo, «nostálgicos de la Unión Soviética». ...