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Dignidad

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Las escaladas del odio siguen su camino imparable. En las últimas semanas, hemos asistido a una espiral dialéctica sin precedentes en el Congreso de los Diputados. Tras años en los que los portavoces de los partidos de derechas han ganado el tétrico concurso por el insulto más afilado, y hemos visto como moneda de cambio corriente insultos gravísimos como golpista o fascista, ahora los partidos del gobierno se han sumado a la virulencia verbal, convirtiendo el Congreso en poco menos que un patio de colegio de infantil, en el que gana quien más grita. Un revolucionario tan insigne como Pablo Iglesias tiene el dudoso honor de haber convertido la condición de miembro del Gobierno en la del listo de la clase que puede decirle a otro de todo (como que quiere dar un golpe de Estado) desde su superioridad, y sin despeinarse. Al mismo tiempo, en Estados Unidos, Trump se presenta a las multitudes que marchan en la calle contra el racismo (o lo que sea contra lo que marchan) con la misma...

El triunfo de la política histérica

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Se quejaba hace unos días Santiago Abascal desde el atril del Congreso de los Diputados de las soflamas antifascistas y guerracivilistas de Pablo Iglesias, y le instaba a «dejar los años treinta» y volver al presente. Ciertamente, no era malo el consejo, pero los consejos solo son creíbles cuando se acompañan del propio ejemplo. Fue echarle en cara a Iglesias su obsesión con «los años treinta» e, inmediatamente, recordar (¡eso es mirar al presente, claro que sí!) los fusilamientos de Paracuellos y la Unión Soviética. En las últimas semanas, los diputados de Vox han dejado de lado, en una estrategia consciente de marketing político, sus propuestas económicas, sociales y políticas para lanzarse al barro de la política histérica de banderitas, eslóganes y fantasmas (fantasmas comunistas hasta las trancas, faltaría más). Donde Pablo Iglesias dice «fascistas», Abascal dice «comunistas»; donde el primero dice «herederos del franquismo», el segundo, «nostálgicos de la Unión Soviética». ...

Apartar a los tahúres

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 Vivimos un tiempo de tragedias. Sí, en plural. Porque la tragedia del coronavirus, que nos deja cada día cientos de vidas truncadas, trae consigo, como las réplicas de un terremoto, otras enfermedades sociales que no por ser subsidiarias del seísmo principal deben tomarse a la ligera. Entre ellas, una cuyo peligro es cada día más real es la erosión cada vez mayor de la convivencia, provocada por el crecimiento acelerado de la polarización política y social.  La polarización política crece día a día. Como escribió recientemente Fernando Vallespín, “estamos librando dos guerras, la guerra contra el virus y la de los políticos entre sí”. La desconfianza entre los líderes es palpable, y la dinámica de bloques se ha hecho ridículamente rígida. El tono de los discursos, salvo excepciones, es de reproche, descalificaciones e incluso de odio o, peor aún, de indiferencia hacia lo que los más alejados puedan pensar o decir. Nuestros políticos no entran en diálogo, sino en conflic...

Chupópteros

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                 Cinco líderes y un sillón. Hagan sus apuestas. Lo bueno de estas elecciones es que tenemos repertorio de despropósitos para elegir. La oferta incluye a un revolucionario con chalet, a un baloncestista enamorado del jet privado y a un jinete del Apocalipsis recién salido de Rohan. Todo un cúmulo de virtudes políticas como la humildad, la austeridad y la coherencia se pasearán en las próximas semanas por los escenarios del territorio nacional, buscando nuestro voto. Y nosotros, como de costumbre, se lo daremos al que menos nos disguste, no vaya a ser que ganen los otros, o incluso -poca broma- votaremos al más friki , en un ejercicio de ejemplar absurdo democrático.      Sin duda, llama la atención la infinita distancia entre los líderes que tenemos y los líderes que desearíamos tener. Como ha escrito Pepa Bueno en un reciente artículo, seguimos “e sperando a que cualquiera de los líderes de lo...

Falsos patriotas

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Uno de los ejes del discurso del partido Ciudadanos desde su nacimiento ha sido la defensa de la soberanía nacional de España frente al desafío independentista. Pero siempre fue solo eso: discurso. Como se ha encargado de recordarnos una y mil veces su líder, Ciudadanos no quiere otra cosa que —cito al propio Albert Rivera— «una Europa unida en los Estados Unidos de Europa». A uno, esta frase le puede sonar hasta maravillosa. Pero, ¿qué implica esa unión, sino la disolución de los estados europeos y la negación de su propia soberanía? Así es: Ciudadanos tiene la capacidad orwelliana de decir una cosa y la contraria sin despeinarse. Como en 1984 , los “naranjas” son capaces de defender la soberanía nacional del pueblo español y negarla al mismo tiempo como quien no quiere la cosa. Y todavía les tienen algunos por patriotas. Este europeísmo mesiánico no es, sin embargo, nada nuevo, pues no hace más que seguir aquella nefasta máxima de Ortega y Gasset, «España es el problema, Europa ...

Guaidó nos revela

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El pasado 23 de enero fue un día histórico. La juramentación de Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela no sólo ha abierto una etapa nueva en la lucha por la democracia en aquel país, sino que tiene una magnitud mucho mayor. A los demócratas del mundo entero, Guaidó nos ha rebelado: ha reavivado en nosotros el sentimiento de que siempre tiene sentido luchar por la libertad contra la opresión. Y también nos ha revelado: ha puesto de manifiesto ciertas carencias de la política en España y en Europa, sobre las que es necesario reflexionar. A nivel europeo, el audaz movimiento de la oposición venezolana ha puesto, una vez más, de relieve, la necesidad perentoria de una verdadera unión política en Europa. Mientras una gran parte de la comunidad internacional reaccionó con gran rapidez, apoyando al líder opositor y exigiendo la dimisión de Nicolás Maduro, la Unión Europea respondió tarde, demasiado tarde, teniendo en cuenta la emergencia. Quizás la opción del ultim...

Cómo entrenar a tu dragón

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                Y cundió la histeria, como era de esperar. Después de la alerta lanzada por Pablo Iglesias la noche del 2 de diciembre, se han sucedido escraches, manifestaciones, insultos, ataques, y múltiples actos de protesta contra Vox. Se les acusa de machistas, retrógrados, racistas, y de franquistas, cuando no simplemente fascistas. Se les dice que deben volver al zulo, que alientan la violencia contra la mujer, que son herederos del franquismo, y se les achacan muchas otras virtudes y bellezas que ahora no es del caso comentar. En un contexto de polarización política, como empieza a ser el actual, cualquier advertencia de un matiz suele ser tomada por un posicionamiento en contrario de la propia postura. Sin embargo, sólo los matices arrojan luz sobre la realidad, que no es normalmente blanca o negra. Pues bien, debe decirse claramente: la respuesta dada por todos los partidos al surgimiento de Vox es sencillamente errónea....